martes, 17 de octubre de 2017

NOCTÁMBULOS

Noctámbulos

Cristina Cerrada

IV Premio Casa de América de Narrativa
Lengua de Trapo
Madrid 2003
160 páginas
13,50 euros

De los dieciséis relatos que componen el volumen pocos son los que se alejan de la ciudad como decorado narrativo, y cuando lo hacen siempre es de forma que esa ciudad ausente los justifique: es el caso de Tránsito, por ejemplo, que sucede en un autobús en marcha, y la carretera siempre puede considerarse como una prolongación de la materia urbana; y también está La cantera, que cierra el volumen, donde nos encontramos con los personajes en un ambiente casi rural que les aburre tanto como para que opten por rellenar su tiempo, se nos insinúa, con tramas y actos turbios. Y así, en un ámbito conocido, tomando como referentes unos autores de sobra visitados (se nos advierte sobre la influencia de los ubícuos Carver y Salinger), Cristina Cerrada construye un libro de relatos que bien podrían ser episodios de una novela de vidas cruzadas sin necesidad de ampliar la extensión del volumen, pues maneja los registros más conocidos, más divulgados, los que conviene matizar con imaginación para evitar caer en lugares comunes: los personajes actúan según los cánones previsibles (fuman, ponen la mano en el hombro, bajan la cabeza); los fenómenos meteorológicos representan los estados de ánimo que todos esperamos que representen, sobre todo la lluvia y el viento, símbolos de la melancolía; los decorados son reconocibles hasta para un lector dormido, como también lo son las descripciones físicas; los borrachos son perdedores... incluso anochece cuando todos esperamos que anochezca. De hecho, hasta los diálogos aparentan ser lugares comunes, si bien son un fiel reflejo de diálogos reales, voces creíbles, preguntas y réplicas cuyo acierto radica en la verosimilitud. Si a ésto unimos el abanico de estrategias de composición –acciones paralelas, resolución en diálogos, combinación de transcursos temporales, etc.-, cabe preguntarse qué aporta el libro de una autora que conoce bien la tierra que pisa. Sin que ninguno de los relatos sea dañino, cosa que, en los tiempos que corren ya es todo un elogio, lo mejor del volumen se encuentra en lo que no se nos dice en alguna de las historias, en esa segunda trama que aflora cada tres o cuatro párrafos, en ocasiones en frases muy breves, y que nos sugiere cuáles son las pequeñas tragedias de los protagonistas, por qué se ven obligados a considerar que no viven, sino que se sobreviven a sí mismos. Ahí está el caso de la coja que parece ser el segundo personaje en el excelente cuento que da título al libro, y cuya relación con el alcohol y con su pierna queda meramente esbozada, tan poco explícita como para obligar al lector a que sea él quien ponga su imaginación al servicio de la lectura; posiblemente, ésta sea la razón por la que también el lenguaje es reconocible, para evitar que sea un obstáculo en el trabajo del montaje especulativo en la mente del lector. Ahí es donde Cristina Cerrada demuestra su talento, cuando no apuesta por lo seguro.


Fuente: Lateral

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