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martes, 17 de octubre de 2017

NEW YORK SHITTY

Fuente: Lateral

New York Shitty
Germán Sánchez Espeso
El Tercer Nombre,
Madrid, 2004
348 págs., 18 euros

Pese a situarnos en Nueva York, Sánchez Espeso retoma unos referentes peculiares de cierta narrativa española, la que se ocupa del esperpento, la de Valle Inclán y Pedro Almodóvar. La cuestión que debe resolverse es qué ocurre cuando ese planteamiento se traslada a una urbe en que las dimensiones no son humanas, y que aquí se soluciona inflando hasta lo caricaturesco las magnitudes obscenas y anales de los personajes y la acción. New York Shitty es una novela desvergonzada, chistosa y que transcurre a toda pastilla, sin permitir descansos para cosas tan necesarias como la belleza. Con la apariencia de una gamberrada, con el estilo de la novela negra de serie B en la que la voz del narrador es la de un matón barato, presenciamos una cadena de sucesos impíos en la que los protagonistas pasan a segundo plano, dejando que los dueños de la novela sean las hemorroides, las erecciones, la pornografía que se oye o los artículos chocantes de las sex shops. Los hombres son priápicos, las mujeres ninfómanas y todos padecen problemas de incontinencia por culpa de alguno de los agujeros por los que se segregan sustancias desagradables que produce nuestro organismo. No se respeta ni a los muertos, ni a los niños ni a los animales (cuyo principal atributo es que cagan). Ni se respeta la vida que es algo así como el remolino del desagüe del fregadero.

Esta comedia, a veces solamente sensacionalista, se organiza atendiendo, en la mayoría de los capítulos, a lo que hace un personaje del grupo cerrado de figuras, lo cual provoca una sensación de teatralidad que impide hacernos creíble la historia. La estructura de eslabones permite a la casualidad de los encuentros hacerse ama y señora de las calles, pues en una ciudad tan grande no hay lugar para que la gente se conozca. De hecho, ni siquiera se folla en la cama sino allí donde coincidan los personajes. Sánchez Espeso apuesta por una insegura combinación de sarcasmo y decadencia, sin salir del todo bien librado: podría haber algo más que entretenimiento empaquetado en esta novela, podría traslucirse algo de elogio o denuncia dado que Nueva York es el paradigma de las ciudades occidentales. Pero, ¿puede un narrador que es un viejo verde ser crítico?, ¿no recurrirá al ingenio, al sarcasmo o al cinismo, apuntando que hay algo corruptamente atractivo en la juerga utilizada para describir la sociedad? ¿Y por qué no proponer alternativas? ¿Acaso esto se deba a que otras opciones no existen? Así pues, riámonos de un Nueva York imposibilitado para superar la fase anal.