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viernes, 27 de octubre de 2017

LOS VOLADORES

Los voladores

Peter Stamm
Traducción de José Aníbal Campos
Acantilado
Barcelona, 2010
171 páginas

La imposibilidad de las parejas



A medida que se ha ido forjando el mundo literario del escritor suizo Peter Stamm, con seguridad uno de los más interesantes de la literatura europea viva, ese magisterio tan reconocible, el de la literatura mínimal americana, heredera de la instrucción innegable de Raymond Carver, ha ido aflojando su presa para permitir que la obra vuele por méritos propios. Stamm continúa refugiándose en la frase escueta, el estilo sobrio, la prosa sin tapujos ni engaños, esa que permite a un texto emitir un pesimismo carente de tristeza, algo que con tanto acierto sabe explotar en el relato breve. Sin embargo, a medida que se profundiza en su narrativa, el estilo se aleja de la percepción del lector, de sus asociaciones y referencias, pues son los personajes los que van ganando más y más peso. Sobre estos seres doblemente extraños, personas tanto de género raro como incapaces de darse a conocer a los demás, de los que apenas llegamos a conocer un mínimo porcentaje de su temperamento debido a los juegos elípticos que tan bien maneja Stamm, recae la potencia de las historias. Y, principalmente, sobre el nexo que les une, que es la necesaria conclusión a que llega el lector, una conclusión tan evidente como reflejo de una sorpresa: que todos ellos son personas. O podrían ser personas de no ser personajes.
Da la impresión de que Stamm escribe sus libros de relatos siguiendo un proyecto. En todos ellos las relaciones que se establecen entre la gente que espera, entre personajes que no actúan, sino que se limitan a aguardar algún suceso en su vida, ocupan el eje temático. Pero si bien en obras anteriores el conflicto, o la ausencia de conflicto, surgía del hecho social, como en la magnífica En jardines ajenos, en este caso Stamm acude al mundo de las relaciones de pareja. Los seres que recoge en sus relatos, sufrientes sin pena ni gloria, son gente de clase media centroeuropea, hombres grises que conviven con sus sueños frustrados porque no les queda más remedio que vivir. Y en los casos que reúne en este estupendo libro, se trata de parejas que establecen vínculos en los que el sexo y el deseo queda apartado, pero uno no puede dejar de preguntarse, a medida que avanza en la lectura, en qué recodo del texto ese deseo le saldrá al camino.
La intensidad no decrece en ninguna de las doce piezas, gracias a que no repite el centro de interés de cada situación, que va del enamoramiento platónico al reencuentro, de la soledad a la cascada de fantasías. En Los voladores, por ejemplo, se centra en la reacción que supone la entrada de un niño ajeno en la rutina de una pareja joven; La ofensa versa sobre la imposibilidad de retorno al pasado; Tres hermanas estudia la frustración consecuencia de que la compasión sustituya al amor; La expectativa se centra en la castración interna de dos personas antagónicas; Videocity es una descripción de la soledad; el adolescente de Hombres y niños vive su fantasía con un ardor que no llega a ser sexual; en La carta explora la verdadera cara de los celos, ajena al sexo; En la vejez se regresa a la melancolía.
El proyecto literario de Stamm no deja de sorprendernos, pues recurre a la distancia corta y a la prosa desnuda para cerciorarse de la complejidad que existe en las relaciones humanas, incluso cuando dichas relaciones no tienen lugar. Al contrario que tantos y tantos grandes escritores que han dedicado gran parte de su obra a este tema –baste mencionar a Dostoievsky-, Stamm recurre a la construcción escueta, a una única situación que en raras ocasiones se repite, a la imagen concreta que se significa, al acierto del trozo de vida y no a la amplitud de una vida completa. Apoyándose en la seguridad que da la consciencia de que el lector va a reconocer lo cotidiano, Stamm confía en que también sea capaz de imaginar lo elíptico: el pasado, el futuro, todo aquello que no es ese presente tan conciso y que queda fulminado al terminar la lectura de cada relato. Esa complicidad con el lector hace de Stamm uno de los grandes escritores vivos.



Fuente: Quimera