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jueves, 25 de mayo de 2017

VOY

Aprovecho que hoy se ha publicado la reseña que escribí sobre 'Las defensas', para reproducir la que en su día escribí sobre 'Voy' en Quimera

Voy . Gabi Martínez . Alfaguara . 388 páginas

El viaje son los otros



El viaje es un ejercicio de libertad. Primero uno se permite el lujo de elegir el destino y la compañía. A continuación se plantea el modo operativo, que se relaciona con el presupuesto como un perro con sus pulgas. Después, una vez en tierra extraña, se concede el derecho a improvisar. Antes de partir uno define las tres cosas que no va a perderse. Una vez en el sitio, se siente con derecho a disfrutarlas o a decepcionarse, como disfruta o se decepciona de unos imprevistos más o menos convenientes. Pero lo que uno ignora totalmente, son todos los matices de calidad de los compañeros de viaje, tanto los que parten desde el hogar con uno, como de los que salen al encuentro. Esa disciplina de la sorpresa representa mejor que ninguna la libertad del viaje. Y también el permitirse un egocentrismo que puede bailar entre lo neurótico y lo meramente narrativo.
Sobre esas bases asienta Gabi Martínez (Barcelona, 1971) su última obra, Voy, un relato que bebe de las fuentes formales de Verano, de Coetzee, y del planteamiento inicial de Nocturno Hindú, de Tabucchi: el autor construye a un narrador que emprende la búsqueda del autor desaparecido. En este caso, y no por casualidad, se supone que Gabí Martínez ha huido a las antípodas para no encontrar un ave que no existe, a no ser que la fuerza de la mitomanía supere a la de la realidad científica. El sueño de perderse en solitario se explica a lo largo de las entrevistas que componen el volumen. Aparentemente, sus principales viajes siempre tuvieron lugar en compañía de gente. Y si nos atenemos a los retratos que hace de los entrevistados podemos deducir que estos compañeros despertaron su interés por las diferentes combinaciones de potencia e ingenuidad que son posibles entre la condición humana. Se trata de gente con pegada por culpa de alguna de las versiones de la inteligencia. Pero se trata de gente consciente de no conocerlo todo.
Las intenciones de Gabi Martínez son desacralizar el viaje. Algo que puede permitirse quien ha sido viajero. Para demostrar esa cualidad un tanto narcisista con la que se identifica, Gabi Martínez selecciona de entre sus viajes aquellos que más se alejan del turismo convencional: China en compañía de un adolescente, la India a través de hoteles que son pulgueros, la más remota península de Australia junto a un tipo que podría haber inspirado a Cocodrilo Dundee, las regiones del Nilo donde vivir es jugarse la vida. Regiones en las que para internarse solo habría que ser no valiente, sino loco de atar. Regiones que nos permiten tener testimonios para definirnos. Porque ese es el ejercicio de yoga a que somete Gabi Martínez a la literatura: ser capaz de verse a través de los demás sin dejar de estar condicionado por su propia mirada. De ahí que caiga en el atrevimiento de bailar de un fiel de la balanza a otro: la gente me quiere, la gente me aborrece. Soy un tipo interesante, soy un impresentable. No resulta nada sencillo el ejercicio que es estudiar el propio narcisismo, y lo que hay de metaliterario en Voy, de obra en construcción consciente de su progreso, resulta de lo más convincente. En la personalidad de los entrevistados, esa gente potente e ingenua, encontramos un trabajo de proyección psicológica que es un camino de ida y vuelta: salgo al mundo para mirarlo y mirarme en el espejo. El viaje resulta ser un libro de autoayuda, donde le interesa lo que aspira a ser. Hay que derribar al ídolo, porque los escritores están acostumbrados a que les escuchen como si siempre tuvieran la razón. Pero hay que conseguir que la vida sea interesante, aunque sea trabajando como escritor porque es lo más barato. Escribir y viajar, vivir en un mundo de fantasía. De eso trata este libro, de talar los tótems que hemos levantado ensalzando a quienes nos han dado tanta envidia, porque predicaban que el viaje es la libertad.